Torneo de pádel primavera 2019

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La Tribuna del Asociado: Para que sirve un Teleco

JosePonceLucas

José Ponce Lucas, Ingeniero de Telecomunicación por la UPM.

Asociado y colegiado.

Empecé mi andadura profesional en Hewlett Packard Española, en Mantenimiento.

Durante 15 años estuve desarrollando labores relacionadas con la Ingeniería de Fabricación y Dirección Técnica en distintas empresas españolas y multinacionales en diferentes sectores (consumo, industria, comunicaciones). Posteriormente pasé a la actual Indra, en el área de Defensa, en labores de Calidad y, posteriormente como Jefe de Departamento de Soporte Logístico hasta mi salida de la empresa.

Desde entonces, como Consultor Independiente.

 

Cuando hace unas semanas me pidieron desde la Asociación un artículo para publicar en la "Tribuna del Asociado", lo primero que me vino a la mente fue un soneto de Lope de Vega que empieza:

Un soneto me manda hacer Violante

que en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto;

burla burlando van los tres delante.

Estuve pensando unos días el tema y al final me decidí por contar, bajo mi punto de vista y experiencia vivida, para qué sirve un Ingeniero de Telecomunicaciones y qué me aportó la carrera.

Cuando, a principios de los 70 me decidí a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones, realmente lo hice porque el tema de la electrónica me atraía, no sé muy bien por qué, pero era así. Me planteé, un poco a futuro, cuáles podían ser las salidas profesionales una vez terminada la carrera, Telefónica, Televisión Española, emisoras de radio, alguna empresa, o funcionario, y creo que poco más veía desde la ciudad donde vivía en aquella época; sólo tenía una cosa clara, a pesar de las presiones psicológicas de la familia y tener funcionarios en la familia, descarté el funcionariado, no me atraía el tema, por lo que claramente era la empresa privada mi objetivo.

En la época en que empecé los estudios, sólo estaba operativa la Escuela de la Politécnica de Madrid, ha llovido desde entonces y empecé a ver temas totalmente insospechados, desde las clases de Electrónica de 2º, que me hacían pensar un poco eso de “Dios mío, dónde me he metido”, las de Electrotecnia o Mecánica. Una cosa me quedó meridianamente clara en aquella época en la que estuve a punto de tirar la toalla y no porque creyese que no podía intelectualmente con la carrera, sino que el gasto que suponía era relativamente elevado para la economía familiar, para terminar la carrera había que superar un catálogo de asignaturas sí o sí, no cabían medias tintas, y aunque alguna asignatura no me gustase, había que pasarla, aunque algún docente no fuese claro en sus explicaciones y luego estricto en sus exámenes, había que buscarse la vida y la ciencia por otra parte.

Afortunadamente, eso sí, con esfuerzo como todos mis compañeros, logré superar los cinco cursos que componían el programa en los que fui viendo otros temas que me iban abriendo más posibilidades de actuación, aún así bastante limitadas por aquel entonces si las comparamos con las de hoy en día, pero, claro, eso no se podía saber.

No eran tiempos como ahora en que al estudiante de últimos cursos se le brinda la oportunidad de prácticas en empresa, becas laborales... Al acabar la carrera era cuando debías poner encima de la mesa lo que tenías y tomar la primera gran decisión: empezar a trabajar y elegir entre las posibilidades que se te presentaban, con inquietud e intranquilidad.

Tuve la oportunidad de entrar a trabajar en una gran empresa multinacional, Hewlett-Packard, en el área de Mantenimiento. Ya tenía ciertos conocimientos de tecnología, pero realmente eran más bien teóricos, cierto que había hecho prácticas de laboratorio, o proyectos en algunas asignaturas, pero con enfoque puramente académico, y fue en este primer trabajo donde me di cuenta del primer gran problema que se me presentaba, ahora le llamaríamos “gap” pero entonces era un abismo tecnológico entre lo que habíamos estudiado y lo que en la realidad se aplicaba y la empresa demandaba. Habíamos visto Electrónica Analógica y Electrónica Digital, por poner unos ejemplos, pero nada de microprocesadores y me encuentro con sistemas que los incorporaban, y cuya comprensión requería de otros conocimientos que, en ese momento, me faltaban; fue entonces cuando descubrí que sólo había aprendido a lo largo de la carrera una cosa que me fuese de utilidad en la vida profesional: aprendí a aprender. Lo demás me pudo servir como una cimentación básica, pero sin esta habilidad y disposición, la carrera profesional no hubiese podido seguir.

A lo largo de mis años de profesión, me he movido bastante, trabajando en diferentes sectores de mercado y productos, tanto Electrónica Industrial, Electrónica de Consumo, Comunicaciones, Defensa... y en diferentes actividades, durante varios años en temas de Fabricación, a pie de planta, desarrollando e implantando sistemas de automatización de líneas de producción, o bien diseñando y poniendo en marcha medios de producción para nuevos productos, transferencias tecnológicas, ...

El bagaje de conocimientos que necesitaba en cada caso era diferente y no me lo aportaban los estudios, uno debía tener la curiosidad de preguntar al que tenía más conocimiento, y asimilarlo para, luego, tomar las decisiones propias usando el sentido común. Además, la tecnología iba avanzando y desde el primer autómata programable, montado en rack con módulos voluminosos y poco capaces, se pasa a elementos mucho más pequeños y con más capacidad, de lenguajes de programación casi en lenguaje máquina hasta casos avanzados. Todo esto a asimilar sobre la marcha según las necesidades de producción.

En el tema de montaje electrónico, pasamos de la inserción manual o automática de componentes convencionales, a montaje superficial, con diferentes grados de integración y procesos de fabricación, a adoptar según necesidades de los volúmenes de producción requeridos.

En paralelo a esto, la tecnología iba evolucionando, fue la época, mitad de los 80, en que se empezó a introducir la telefonía móvil en España con el vuelco que eso supuso y que podemos ver hoy en día En este campo, en consecuencia, no tuve más remedio que aprender nuevas tecnologías de producto y de fabricación tanto de los compañeros como de nuestros socios internacionales. Los sistemas de control empezaron a estar basados en ordenadores personales, anunciando ya, en aquel entonces, la revolución que se nos venía encima, con el control de máquinas o de sistemas de instrumentación de medida.

Tras varios años en esta área y un paso por el sector de Consumo, caí en el sector de Sistemas de Defensa, algo que se me antojaba lejano y fuera de alcance, pero la suerte hizo que me llegase una oferta que acepté por el interés personal y profesional que suponía, siendo un nuevo reto en mi carrera. Por una parte, entraba en tecnologías no aplicadas nunca, radar, optoelectrónica... por otra, mi actividad era de las “transversales”, no me convertiría en especialista de ninguna, sin embargo, debía conocer un poco de todo, otra vez a aprender.

Como resumen de más de 38 años de vida profesional, podría decir que, si bien no soy jugador de cartas, al tomar decisiones lo he hecho con las cartas que en cada momento tenía en la mano y pensando un poco en el futuro, he aprendido muchos pocos de muchas cosas, con lo que podía tener una visión global, lo que hoy se diría, ser un Ingeniero de Sistemas, para poder buscar tanto la información complementaria necesaria, como los expertos en cada área que llevasen al éxito de la solución global, y que tomar una decisión implica poder equivocarse, pero creo que tenemos derecho a equivocarnos.

Al final te enfrentas a problemas de muy diversa índole, y a cada problema, una solución, con las cartas que en ese momento tenía en la mano, o sea, no LA solución, sino UNA solución adaptada a las circunstancias y que en otras podía ser diferente.

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